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martes, 24 de abril de 2018

Palabras calladas

Hace tiempo que no te digo lo que ya no quieres escuchar pero, aun así, con todas las letras muriendo en mi interior, lamento cada silencio que dejo escapar de mis labios cerrados.

Cuando quieras

Cuando tu corazón me eche de menos y tus ojos no me encuentren, lleva tu alma al destino que nos separó y responde a la pregunta que nunca nos hicimos.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El sustituto.

Hoy he sentido el dulce cosquilleo de tus dedos, deslizándose, con deliciosa cautela, sobre cada milímetro de mi piel.

No recuerdo cuándo estuvimos juntos por última vez, pero no olvido el dulce olor de tu cuerpo, el calor de tu respiración sobre mi, ni el color de las sabanas bajo la tímida luz de la extraña lámpara de tu mesita.

Es cierto que, a pesar de coincidir varias veces al día, no habías vuelto a prestarme atención desde aquella noche en que diste por concluida nuestra relación, apartándome de ti sin explicaciones, sin un motivo real, solo porque creíste que yo le había puesto un final a aquella historia. ¿Acaso crees que, después de tantas noches, entregado a ti en cuerpo y alma, podía desear que lo nuestro terminase?

Hoy has vuelto a fijarte en mí, me has rozado, me has acariciado, me has vuelto a desear y me has llevado a tu cuarto, a pesar de todo y a pesar de todos.

¿Tan poco significó lo nuestro para ti que, ahora, sin el menor aprecio, me has tirado al suelo y me utilizas para calzar la mesita en la que reposa la lámpara junto con un nuevo libro?

miércoles, 15 de junio de 2016

Esperando

Aquí estoy, recostado en la orilla de una hermosa y desconocida playa, con el sol de un amanecer rosado acariciando mis pensamientos y el rumor rítmico del oleaje meciendo mis sentidos.

Frente a mí se extiende un infinito mar de dudas en el que ya me he sumergido antes, bañándome en sus aguas de incertidumbres profundas y de miedos insondables, dejándome arrastrar por la melancólica llamada de unas sirenas imaginadas y perdiendo la cordura en un deambular caótico a la deriva.

Recuerdo haber venido de aquel horizonte, ahora sereno y despejado, y recuerdo también haberlo visto llegar a mí sin previo aviso, cargado de relámpagos y centellas, bramando toda clase de violentas explosiones y llenando mi razón de oscuras embestidas y remolinos que trataron de hundir mi destino.

Aquí estoy, detenido en un instante de paz, escuchando el canto de las hambrientas gaviotas que galopan los cielos en busca de su libertad, esperando a los pies de mi tiempo, tratando de comprender si he llegado al final del camino o todo ha de volver a empezar con otro viaje, a través de otros mares y sus tempestades, hasta llegar a otra orilla en la que descansar, mientras un sol sonrosado quiera volver a madrugar.

De pronto las gaviotas se han callado.

Entre los huecos de silencio que dejan las olas, oigo unos pasos amortiguados por la arena. Alguien se acerca, despacio, sin ninguna prisa, casi parece que no me ha visto.

Cada vez oigo más cerca el sonido de esos pies que caminan absortos en sus propios pensamientos, mostrando una completa indiferencia hacia todo lo que les rodea. La arena suena y empieza a vibrar con cada nuevo instante en el que mi quietud se ha de encontrar con su camino pero, en el último momento, advierto que su rumbo no ha de llegar a mí.

Pasa a mi lado sin inmutar su compás y sigue su marcha. Tal vez no sabía que me buscaba y por eso me ha dejado marchar.

Aquí estoy, dejando que me abrace la marea y se lleve mi tiempo, en su regazo, para hacer, de mi sino, un eterno devenir en busca de unos ojos que decidan parar sus pies y sacarme de este silencio embotellado.

lunes, 6 de junio de 2016

¿Cuándo hemos olvidado nuestra esencia?

Hay momentos para todo, incluso para claudicar ante una decisión que puede perjudicarnos, sin embargo, corriendo los tiempos que corren, lo que me preocupa es que parece que nuestra esencia, nuestras victorias pasadas, nuestro empuje y nuestra determinación han pasado a mejor vida, o, dicho de otro modo, se han sumergido en un mar de dudas, miedos, vergüenzas y desesperaciones; tanto es así que nuestra vida ya no es nuestra, nuestras decisiones son fruto de cubrir una "responsabilidad social" que penetra hasta nuestra médula, haciendo que una respuesta distinta a la "exigida" pase por simple locura, prepotencia o cualquier otra denominación que apague cualquier atisbo de inteligencia individual.
Hay momentos para todo, sí, menos para dejar de ser nosotros mismos, de valorar nuestra trayectoria, nuestra resolución, nuestras habilidades y nuestras debilidades, las cuales conforman un todo, lleno de suficiente potencial como para dedicarnos una sonrisa cada mañana, ante el espejo.

"ADIÓS"- rezaba una nota en la puerta de la nevera.

Hay momentos para todo y, sin ir más lejos, aquel había sido uno de ellos.

Tal vez no fue un momento bueno, uno oportuno, sino, simplemente, había sido uno de esos momentos que nadie se espera, una de esas decisiones que rompen la monotonía de una desquiciante vida vulgar, en un edificio situado en un barrio vulgar, lleno de personas vulgares, entre las que se encontraba su marido, quien, ahora, prestaba declaración a la policía, siete pisos por encima de un cadaver aplastado contra la acera.

domingo, 24 de abril de 2016

Duermo sin sueños

Ya no quedan ventanas encendidas.
No hay sonidos en la calle, salvo el canto de algún grillo que no se ha percatado de que el invierno no se fue y sus posibles parejas estarán postradas en sus lechos glaciares, frías e impertérritas, a la espera de tiempos mejores.
No queda nadie despierto, ni las lechuzas vuelan a estas horas de la noche.
Ya ni el tiempo pasa, aunque sus pasos resuenen en el silencio de esta casa dormida, y yo, vencido por un mar de sueños, dominado por una imposible realidad, sigo tumbado, sólo acostado y solo, sin saber qué hacer con las horas ya perdidas.
Ya la noche está roncando, hasta la luna ronca, y las estrellas, que no roncan porque soy demasiado bellas para hacerlo, se limitan a dar pequeños rebufitos, apenas audibles, entre destello y destello.
Mi sol y mi cielo duermen, soñando con mundos distintos, ajenos e, incluso, prohibidos, pero yo sigo sin poder pegar ojo, sin poder conciliar ni sueño ni descanso, sin poder abrazar a Morfeo y pedirle un último deseo.
Ya toda la vida se ha dormido y yo, sabiendo que nunca más volveré a despertar, muero por soñar otra vez junto a los míos.

domingo, 20 de marzo de 2016

La última vez

Un escalofrío ha recorrido todo mi cuerpo cuando te has girado y me has susurrado tu deseo.
Hacía muchos días, y todas sus noches, desde la ultima vez que lo hicimos, desde la ultima vez en que nuestras miradas se habían cruzado en el silencio de una oscuridad eterna, obligada a perennizar nuestra rutina, devolviendo la luz de una hoguera a aquella cama sedienta de rumores, jadeos y suspiros.
Es extraño, pero ya no recuerdo cuales fueron tus palabras, las que dibujaste en mi nuca con tus labios, las que me hicieron sentir vulnerable pero vivo, asustado pero en calma.
Tampoco recuerdo el sabor de tus manos en mi boca, desde la yema de los dedos hasta la suavidad de tus palmas, presionando con dulce firmeza mis labios, reteniendo mis suspiros, mis súplicas, mis gritos.
Ya ni siquiera recuerdo el color de tus ojos que me miraban, viendo mis lágrimas caer, inyectados en un inexpresivo e indescifrable caos de emociones y sentimientos.
Es posible que no me creas, pero ya he olvidado, incluso, tu nombre y el mío y hasta el dolor agudo en el costado, mientras clavabas el frío metal del cuchillo entre mis costillas.
Ahora ya no recuerdo nada, tal vez sea mejor así.

sábado, 9 de enero de 2016

Si vuelvo a caminar

Y este espacio, sin ti, sin tus poemas, está vacío, no vale la pena seguir salvo por el placer de descubrir que nunca ha desaparecido tu esencia, tu mismo olor, tu propio latido encerrado en el diminuto espacio de un pensamiento taciturno, escondido entre opacos saludos con sed de beso, oculto a plena vista entre palabras que entierran caricias y desean roce, ahí, donde sólo puede aparecer la nostalgia, encontraremos nuestros pasos.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Hace tiempo

Hace tiempo dejé de oír tus palabras y empecé a observar el movimiento de tus labios, a sentir las vibraciones de tu timbre y a devorar cada dulce brisa que escapa de tu boca cuando me hablas.

viernes, 5 de junio de 2015

La cita

Esta noche, como tantas otras noches, fría y lluviosa, debo desistir, al fin, y entregarme a sus deseos, aunque no creo que mis padres me preparasen suficientemente para este momento.
Claro está que, aunque sea un tema tabú, en todas partes se habla, aunque sea con susurros, sobre ello, incluso en la televisión pasan algún film o documental que, muy lejos de aquellos años de censura, son tan explícitos que apenas hacen falta añadir sermones o monólogos, más molestos y vergonzosos que instructivos, de los progenitores o tutores.
En fin, como iba diciendo, esta noche será la definitiva y, por esa razón, me he dado un homenaje: aceite y burbujas hasta el borde de la bañera, un champú nutritivo de los que anuncian en la televisión que aumenta el brillo y no sé qué más, una cremita corporal y hasta algo de perfume.
Ya lo sé, todo el mundo quiere hacerme sentir que esto es una locura, que no debo ir pensando así, anticiparme, pero yo ya tengo 87 años y cuando mi querido Henry murió, lo hizo sin afeitar y, aunque esté mal que lo diga, con bastante mal aspecto.

martes, 7 de abril de 2015

Deseo

Disculpa si mi ansia me precede, pero tengo tantas ganas de ti que apenas puedo retener los latidos de mi corazón dentro del pecho y, a cada instante, siento que los besos saltan de mi boca hasta tu cuello, tus labios y tu ser.
Quiero ir despacio, lentamente deslizar mis manos temblorosas bajo tu camiseta y pedirle a tus brazos, con la mirada, que se eleven hacia el cielo, para atrapar mis súplicas, y poder despojarte de esa prenda.
Deseo recabar, con la yema de los dedos, cada poro y cada instante, cada curva y cada recta de tu piel de seda, serpentear hasta tu ombligo al descender de la cima de tus soles y volver a recorrer el camino andado como si fuese la primera vez.
Quiero reclamar el botón de tu cintura y darle, su ansiada libertad, a los vaqueros. Descender, con los labios, por tu silueta hasta alcanzar la mínima sencillez de tus meñiques, encogiéndose de gozo en nuestro viaje.
Quiero tenerte, amarte, perderte y volverte a retener en cada parpadeo.
Quiero ser el aire que te vista, la lluvia que te empape y el sol que te regocije con su calor.
Soy yo quien quiere eso y tú, tú eres quien jamás me brindará ni una mísera sonrisa.

jueves, 26 de marzo de 2015

Ni un minuto más

Un minuto he tardado hoy en calentarme el café, sólo dos minutos después ya estaba llevando la taza al fregadero, con el poso oscuro mezclado con migas de galleta.
En tres minutos, el pijama en el suelo, los dientes limpios y la ducha llenando de vapor el espejo del baño.
Dentro de la ducha, el tiempo no recorre la misma velocidad que fuera, lo he comprobado científicamente, así que no soy capaz de determinar cuánto estuve ahí.
Cuatro minutos es lo que he destinado a secarme por completo, antes de salir del baño, empapado de nuevo sin saber cómo.
Cinco minutos para decidir el atuendo, una camisa blanca, el chaleco marrón, un traje azul marino, para vestirme y para anudarme la corbata, a juego con el chaleco.
En seis minutos hago la cama, recojo el baño y friego la taza del desayuno.
Siete minutos es lo que tardo en bajar al garaje, sentarme en el asiento y ponerme el cinturón de seguridad, arrancar el coche y ponerme al día con el noticiario de la radio.
En ocho minutos, lo que se tarda en desayunar y llegar a la ducha, un poco más de lo que supone decidir la ropa y vestirse, apenas algo más de lo que se emplea en recoger la casa, en ocho minutos, 150 personas han perdido la vida sin tiempo a despedirse de su familia, de sus padres y madres, de sus hijos e hijas, de sus amigos y amigas...en ocho minutos miles de besos se han perdido para siempre y miles de abrazos, en ocho minutos, risas y llantos, silencios y voces se han callado para siempre.
Hoy, al despertar, he comprendido que no puedo perderme ni un minuto más de ti.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Muero sin morir en mi

Cerca de mi alma vi pasar mi nombre en tu voz delicada. Tal vez llegaste a acariciar mis brazos fríos o mi rostro, apenas lo recuerdo, sólo sé que me miraste a los ojos largo tiempo, hasta que nos fundimos en una esencia, en un ser sediento de más deseo. Luego, colmado de amor, llegó la distancia, la oscuridad, el silencio, el gélido abrazo de la nocturna soledad.
Nuevo día, nuevas caras, nuevas miradas, pero no tus ojos, nunca más tus ojos. Luego otra noche, con su melancólico reloj cargado de segundos interminables.
Así, uno tras otro, los días dieron paso a las semanas, estas a los meses y, por mucho que traté de hallar tus ojos, los años se me vinieron y tú no.
Sin más, no recuerdo cuanto tiempo había pasado pero sí que ya, dolido y abatido, apenas te buscaba, sentí de nuevo aquel calor que una tarde hiciste mío, noté aquella caricia que añoraba mi frío ser, alcé la vista y vi tus ojos, pero no lo eran, vi tus manos, pero tenían otra edad, eran más jóvenes.
Entonces escuché, de nuevo, mi nombre en tus labios, David de Miguel Ángel, y mi alma volvió a latir, como aquella vez, como aquel día que me sentí vivir entre tus brazos, enredándome en tu alma.
Pero, trágico e imperturbable destino, de nuevo te fuiste y me quedé solo, completamente solo entre la muchedumbre, lamentando mi quietud y mi vergüenza, volviéndome loco cada minuto de mi imperecedera existencia, sin saber qué nombre le pusiste a nuestra hija.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Hoy me he dormido esperando tu amanecer.

Nada me duele tanto como saber que ya no despiertas conmigo sino junto a mi, que nuestra respiración se ha llenado de suspiros por nuestros silencios, aquellos silencios que nos llenaban de miradas, antaño, y ahora nos destruyen el camino recorrido, sin dejar huella del tiempo que tuvimos y sin permitir a la esperanza que tome de nuevo el rumbo de nuestra felicidad para encontrar la palabra que se ha perdido.
La triste soledad de nuestra cama llora mientras soñamos, sin delatarse, sin descubrir la terrible pena que empapa cada partícula de su ser. Ya no nos toma en brazos para hacernos el amor, solo nos sostiene en su regazo, sollozando, a la espera de que los despertadores nos separen de nuevo.
Tú has decidido y yo, decidiendo también sin hacerlo, respetando tu ruego sin discutirlo, he permitido y resuelto sin comprenderlo, sin entenderlo, con la diligencia de quien cree que ha hecho suyo el imperativo de otro y lo ha cumplido, sin saber que la plegaria no rezaba tal deseo, sino el contrario.
Hoy me he dormido esperando tu amanecer, y no he encendido el despertador para poder verte un poco más.