Ya no queda más llanto a esos ojos tiernos,
ya no cuenta las bombas con sus deditos,
ya no llama a su madre cuando no hay sueño,
ya no tiene ni hambre, ni frío, ni miedo.
Y, los hombres de paz, mandan infiernos,
hablando de guerra como de cuentos,
se cierran carteras, se firman secretos
acuerdos de armas que borren recuerdos.
Ya no hay juegos de niños, solo hay escombros,
ya no hay luz en su cara, solo hay escombros,
ya no hay risa en su voz, solo hay escombros,
ya no hay vida en su cuerpo, solo hay escombros.
Corre tinta por mis venas, ríos de tinta para ser sincero, pero, ¿dónde van a parar cuando me siento, libre de cargas, y tras un pequeño esfuerzo, reunido el valor suficiente, libero mi mente de obstáculos y, al terminar, tiro de la cadena?
viernes, 11 de noviembre de 2016
El sustituto.
Hoy he sentido el dulce cosquilleo de tus dedos, deslizándose, con deliciosa cautela, sobre cada milímetro de mi piel.
No recuerdo cuándo estuvimos juntos por última vez, pero no olvido el dulce olor de tu cuerpo, el calor de tu respiración sobre mi, ni el color de las sabanas bajo la tímida luz de la extraña lámpara de tu mesita.
Es cierto que, a pesar de coincidir varias veces al día, no habías vuelto a prestarme atención desde aquella noche en que diste por concluida nuestra relación, apartándome de ti sin explicaciones, sin un motivo real, solo porque creíste que yo le había puesto un final a aquella historia. ¿Acaso crees que, después de tantas noches, entregado a ti en cuerpo y alma, podía desear que lo nuestro terminase?
Hoy has vuelto a fijarte en mí, me has rozado, me has acariciado, me has vuelto a desear y me has llevado a tu cuarto, a pesar de todo y a pesar de todos.
¿Tan poco significó lo nuestro para ti que, ahora, sin el menor aprecio, me has tirado al suelo y me utilizas para calzar la mesita en la que reposa la lámpara junto con un nuevo libro?
No recuerdo cuándo estuvimos juntos por última vez, pero no olvido el dulce olor de tu cuerpo, el calor de tu respiración sobre mi, ni el color de las sabanas bajo la tímida luz de la extraña lámpara de tu mesita.
Es cierto que, a pesar de coincidir varias veces al día, no habías vuelto a prestarme atención desde aquella noche en que diste por concluida nuestra relación, apartándome de ti sin explicaciones, sin un motivo real, solo porque creíste que yo le había puesto un final a aquella historia. ¿Acaso crees que, después de tantas noches, entregado a ti en cuerpo y alma, podía desear que lo nuestro terminase?
Hoy has vuelto a fijarte en mí, me has rozado, me has acariciado, me has vuelto a desear y me has llevado a tu cuarto, a pesar de todo y a pesar de todos.
¿Tan poco significó lo nuestro para ti que, ahora, sin el menor aprecio, me has tirado al suelo y me utilizas para calzar la mesita en la que reposa la lámpara junto con un nuevo libro?
Cada día
Hoy
he escuchado tu voz en el silencio,
he saboreado tus besos en la brisa
y he disfrutado tu esencia en el tiempo.
Hoy,
instante efímero y eterno,
minúsculo, ingente e infinito,
he vuelto a vivir en el olvido
para no perder allí ningún recuerdo.
he escuchado tu voz en el silencio,
he saboreado tus besos en la brisa
y he disfrutado tu esencia en el tiempo.
Hoy,
instante efímero y eterno,
minúsculo, ingente e infinito,
he vuelto a vivir en el olvido
para no perder allí ningún recuerdo.
domingo, 25 de septiembre de 2016
Tinta sin voz
Llora, tinta negra
que empapas de duelo mis venas,
llora la sangre de mis ecos
y el clamor de mis silencios,
llora la rabia que me condena
y el hastío que te ha creado,
llora mar y llora eterna
y describe lo que mis labios
ya no cuentan.
Llora rosas de espinas cargadas
y que tu sal limpie la herida
de aquellos años
que, en sus pupilas,
estallaron en mil voces
de despedida.
Llora, tinta azabache
que me consumes entre recuerdos,
llora la voz de aquellos días,
llora el rubor de un cielo occiso
y el sabor de un beso eterno.
Llora paisajes de veinte otoños
y sus inviernos y primaveras
y guarda para mí los veranos
que, con sus brisas,
haré un sudario
para dormirme ya sin sueños.
Llora, tinta oscura,
endemoniada tinta mala, mala tinta,
que envenenas mi cordura
y provocas mi tormento,
llora tú,
llora mis ganas,
yo ya no tengo palabras.
que empapas de duelo mis venas,
llora la sangre de mis ecos
y el clamor de mis silencios,
llora la rabia que me condena
y el hastío que te ha creado,
llora mar y llora eterna
y describe lo que mis labios
ya no cuentan.
Llora rosas de espinas cargadas
y que tu sal limpie la herida
de aquellos años
que, en sus pupilas,
estallaron en mil voces
de despedida.
Llora, tinta azabache
que me consumes entre recuerdos,
llora la voz de aquellos días,
llora el rubor de un cielo occiso
y el sabor de un beso eterno.
Llora paisajes de veinte otoños
y sus inviernos y primaveras
y guarda para mí los veranos
que, con sus brisas,
haré un sudario
para dormirme ya sin sueños.
Llora, tinta oscura,
endemoniada tinta mala, mala tinta,
que envenenas mi cordura
y provocas mi tormento,
llora tú,
llora mis ganas,
yo ya no tengo palabras.
martes, 21 de junio de 2016
Carta de agradecimiento
Estimada empresa X,
Quisiera agradecer su respuesta, tanto por la diligencia como por la cortesía y amabilidad de sus palabras, y expresarle mi sorpresa al recibir una oferta como la que me comunican en ella.
Entiendo que han sopesado muchas cuestiones y han valorado en profundidad mis capacidades y habilidades, así como mi amplia trayectoria profesional y mis estudios, los académicos y los extra curriculares.
Sin embargo, llegados a este punto, me veo en la obligación de rechazar, tajantemente, su oferta de "no incorporación" al puesto de trabajo para el que me he postulado recientemente, por varias razones que paso a definir a continuación.
En primer lugar, creo que queda probada mi experiencia en el campo requerido; si han prestado atención detallada a mi hoja de vida, pueden apreciar mis logros formativos y mis éxitos profesionales. También, en el currículo visual, pueden apreciar mis habilidades informáticas y mi capacidad de síntesis y esquematización.
En segundo lugar, mis habilidades comunicativas han quedado patentes en las entrevistas personales que he tenido el privilegio de mantener durante este proceso. Empatía, escucha activa, asertividad y otras muchas habilidades, imprescindibles en el campo de la negociación, completan mi perfil y me sitúan en buena posición.
En tercer lugar, y no menos importante, es posible que su conocimiento de los procesos de reclutamiento sea extenso, pero mis amplios estudios y mi experiencia en la recepción de candidaturas rechazadas me hacen buen conocedor de este tema en concreto y me cualifican, con grado, en dicha materia.
Por todo ello, entendiendo que necesitan, con urgencia, una solución que les ayude en este proceso y, además, conlleve un crecimiento sostenible a su empresa, tengo el deber de no aceptar su negativa a mi contratación.
Por las razones argumentaras y por la trascendencia del hecho señalado, sabiendo de sus necesidades y de su desafortunada situación, comprendo el terrible malentendido y acepto, de antemano, sus disculpas, así como les hago saber mi decisión y mi firme propósito de desatascar y enmendar este y futuros acontecimientos de similar o mayor relevancia.
Así, dejo constancia de que, el próximo 1 de julio del año en curso, fecha en la que precisan realizar la contratación, me incorporaré a mi puesto de trabajo en su empresa y dedicaré todos mis recursos a la tarea que me ha sido encomendada.
Sin otro particular, me despido hasta nuestra próxima reunión.
Atentamente,
Rodrigo Herranz Serrano.
Quisiera agradecer su respuesta, tanto por la diligencia como por la cortesía y amabilidad de sus palabras, y expresarle mi sorpresa al recibir una oferta como la que me comunican en ella.
Entiendo que han sopesado muchas cuestiones y han valorado en profundidad mis capacidades y habilidades, así como mi amplia trayectoria profesional y mis estudios, los académicos y los extra curriculares.
Sin embargo, llegados a este punto, me veo en la obligación de rechazar, tajantemente, su oferta de "no incorporación" al puesto de trabajo para el que me he postulado recientemente, por varias razones que paso a definir a continuación.
En primer lugar, creo que queda probada mi experiencia en el campo requerido; si han prestado atención detallada a mi hoja de vida, pueden apreciar mis logros formativos y mis éxitos profesionales. También, en el currículo visual, pueden apreciar mis habilidades informáticas y mi capacidad de síntesis y esquematización.
En segundo lugar, mis habilidades comunicativas han quedado patentes en las entrevistas personales que he tenido el privilegio de mantener durante este proceso. Empatía, escucha activa, asertividad y otras muchas habilidades, imprescindibles en el campo de la negociación, completan mi perfil y me sitúan en buena posición.
En tercer lugar, y no menos importante, es posible que su conocimiento de los procesos de reclutamiento sea extenso, pero mis amplios estudios y mi experiencia en la recepción de candidaturas rechazadas me hacen buen conocedor de este tema en concreto y me cualifican, con grado, en dicha materia.
Por todo ello, entendiendo que necesitan, con urgencia, una solución que les ayude en este proceso y, además, conlleve un crecimiento sostenible a su empresa, tengo el deber de no aceptar su negativa a mi contratación.
Por las razones argumentaras y por la trascendencia del hecho señalado, sabiendo de sus necesidades y de su desafortunada situación, comprendo el terrible malentendido y acepto, de antemano, sus disculpas, así como les hago saber mi decisión y mi firme propósito de desatascar y enmendar este y futuros acontecimientos de similar o mayor relevancia.
Así, dejo constancia de que, el próximo 1 de julio del año en curso, fecha en la que precisan realizar la contratación, me incorporaré a mi puesto de trabajo en su empresa y dedicaré todos mis recursos a la tarea que me ha sido encomendada.
Sin otro particular, me despido hasta nuestra próxima reunión.
Atentamente,
Rodrigo Herranz Serrano.
La foto de tu vida
A lo largo de mi experiencia, tanto personal como profesional, me he visto en situaciones de difícil interpretación, ya que, a pesar de no haber estudiado ninguna carrera de psicología, ni tener estudios en la materia, muchas personas se han acercado a mí con la intención de obtener alguna clase de apoyo o consejo.
No suelo ser buen consejero, ya que quien aconseja puede obrar con poco juicio, movido por su propia vivencia de un suceso similar o por un desconocimiento profundo del tema, lo que lleva directamente a realizar consejos para "cobayas", en los que el resultado final puede ser digno de un estudio científico.
La suerte tampoco apoya a los injustos, ni a los que, una vez errado el consejo, modifican su criterio para acercarse a un postulado más acorde con la nueva situación que ellos mismos han desencadenado.
Ahora bien, teniendo esto en consideración, he llegado a ver y mostrar la vida, a quien me pide unas palabras, como la conexión de tres bloques fundamentales, pilares de sustento en los que todo lo demás se asienta, como los cimientos de cualquier edificio, por grande o pequeño que sea.
No obstante, en el mundo de la crisis y la burbuja inmobiliaria, me he dado cuenta de que hablar de construir un edificio puede estar penalizado, demasiados edificios vacíos en el paisaje urbano me han demostrado que las personas podemos llegar a estar vacías, así que, desde mi punto de vista, prefiero hablar de "la foto de tu vida".
Todo el mundo desea ser visto lo mejor posible, guapo o guapa, alegre, feliz, lleno de energía, positivo, en definitiva, pleno. Para esto es necesario salir lo mejor posible en "esa foto" de la que hablo, la de tu propia vida, la que reproduce la instantánea, a modo de las ya famosas "auto fotos" que tanto pululan por las redes.
Ahora bien, si queremos una buena foto, una en la que se muestre nuestra vida y nuestro entorno, deberemos de olvidarnos del "palo" o de estirar el brazo hasta límites insospechados, y plantearnos, por un momento, ser profesionales de la fotografía.
Una foto profesional, además de la cámara y los años de aprendizaje y experiencia, tiene algo fundamental: un trípode.
Si pones una cámara sobre un trípode, la foto sale completamente nítida,misión movimientos extraños o zonas borrosas, sin embargo, si a ese trípode le falla una de las patas, ¿qué podemos hacer?, ¿cómo realizar la foto?
Aún es sencillo, si lo pensamos un poco, podemos sujetar la pata con una mano, así, aunque la foto no salga perfecta, tal vez algo movida, y nuestra cara esté pegada a la cámara, ocultando parte del paisaje, lograríamos hacer una instantánea más o menos decente, no perfecta, pero tenemos la foto.
Así es con las tres partes en las que se puede dividir la vida: lo familiar/social, lo laboral y lo económico.
Cuando una de éstas patas se desestabiliza, la posibilidad de tener una foto aceptable aún existe. Cierto es que habrá que tener calma, pulso y ganas de hacer la foto, y mucha fuerza para lograr recuperar la pata estropeada, pero todo es posible, y, poco a poco, encontramos los medios para recuperarnos del todo.
Ahora bien, sigamos con la cámara sobre el trípode, recordemos que una pata falló y tenemos la cara frente al objetivo, una mano sujetando para nivelar y la otra en el disparador. En este momento se escucha un chasquido y otra de las patas falla.
¿Ahora puedes hacer la foto? ¿Cómo vas a sujetar las dos patas y dar al pulsador? Bueno, afortunadamente existen las cámaras con disparo temporizado, pero no es el caso, ahora hay un verdadero problema, no sólo porque la reparación puede ser costosa, sino porque ni siquiera tienes la "foto" que puede ayudarte a ver qué te está sucediendo.
Aquí es donde empiezo mi apoyo, mi asesoramiento y pongo en práctica todas mis destrezas, incluso cuando ya han fallado las tres patas se puede dar un giro a la situación y devolver a la normalidad un caos de oscuras e intrincadas salidas.
Si alguien viene y me pide ayuda, yo le hago una foto para que vea cómo está tratando de hacerse un "selfie" y, una vez que se ven retratados, comienzan a trabajar para recuperarse.
Yo, ahora, procuro hacerme fotos teniendo un espejo cerca para ver si mi posición es normal o tengo demasiadas patas desestabilizadas.
No suelo ser buen consejero, ya que quien aconseja puede obrar con poco juicio, movido por su propia vivencia de un suceso similar o por un desconocimiento profundo del tema, lo que lleva directamente a realizar consejos para "cobayas", en los que el resultado final puede ser digno de un estudio científico.
La suerte tampoco apoya a los injustos, ni a los que, una vez errado el consejo, modifican su criterio para acercarse a un postulado más acorde con la nueva situación que ellos mismos han desencadenado.
Ahora bien, teniendo esto en consideración, he llegado a ver y mostrar la vida, a quien me pide unas palabras, como la conexión de tres bloques fundamentales, pilares de sustento en los que todo lo demás se asienta, como los cimientos de cualquier edificio, por grande o pequeño que sea.
No obstante, en el mundo de la crisis y la burbuja inmobiliaria, me he dado cuenta de que hablar de construir un edificio puede estar penalizado, demasiados edificios vacíos en el paisaje urbano me han demostrado que las personas podemos llegar a estar vacías, así que, desde mi punto de vista, prefiero hablar de "la foto de tu vida".
Todo el mundo desea ser visto lo mejor posible, guapo o guapa, alegre, feliz, lleno de energía, positivo, en definitiva, pleno. Para esto es necesario salir lo mejor posible en "esa foto" de la que hablo, la de tu propia vida, la que reproduce la instantánea, a modo de las ya famosas "auto fotos" que tanto pululan por las redes.
Ahora bien, si queremos una buena foto, una en la que se muestre nuestra vida y nuestro entorno, deberemos de olvidarnos del "palo" o de estirar el brazo hasta límites insospechados, y plantearnos, por un momento, ser profesionales de la fotografía.
Una foto profesional, además de la cámara y los años de aprendizaje y experiencia, tiene algo fundamental: un trípode.
Si pones una cámara sobre un trípode, la foto sale completamente nítida,misión movimientos extraños o zonas borrosas, sin embargo, si a ese trípode le falla una de las patas, ¿qué podemos hacer?, ¿cómo realizar la foto?
Aún es sencillo, si lo pensamos un poco, podemos sujetar la pata con una mano, así, aunque la foto no salga perfecta, tal vez algo movida, y nuestra cara esté pegada a la cámara, ocultando parte del paisaje, lograríamos hacer una instantánea más o menos decente, no perfecta, pero tenemos la foto.
Así es con las tres partes en las que se puede dividir la vida: lo familiar/social, lo laboral y lo económico.
Cuando una de éstas patas se desestabiliza, la posibilidad de tener una foto aceptable aún existe. Cierto es que habrá que tener calma, pulso y ganas de hacer la foto, y mucha fuerza para lograr recuperar la pata estropeada, pero todo es posible, y, poco a poco, encontramos los medios para recuperarnos del todo.
Ahora bien, sigamos con la cámara sobre el trípode, recordemos que una pata falló y tenemos la cara frente al objetivo, una mano sujetando para nivelar y la otra en el disparador. En este momento se escucha un chasquido y otra de las patas falla.
¿Ahora puedes hacer la foto? ¿Cómo vas a sujetar las dos patas y dar al pulsador? Bueno, afortunadamente existen las cámaras con disparo temporizado, pero no es el caso, ahora hay un verdadero problema, no sólo porque la reparación puede ser costosa, sino porque ni siquiera tienes la "foto" que puede ayudarte a ver qué te está sucediendo.
Aquí es donde empiezo mi apoyo, mi asesoramiento y pongo en práctica todas mis destrezas, incluso cuando ya han fallado las tres patas se puede dar un giro a la situación y devolver a la normalidad un caos de oscuras e intrincadas salidas.
Si alguien viene y me pide ayuda, yo le hago una foto para que vea cómo está tratando de hacerse un "selfie" y, una vez que se ven retratados, comienzan a trabajar para recuperarse.
Yo, ahora, procuro hacerme fotos teniendo un espejo cerca para ver si mi posición es normal o tengo demasiadas patas desestabilizadas.
viernes, 17 de junio de 2016
La buena estrella
Recientemente, tanto es así que apenas han pasado unas horas, he tenido el privilegio de formar parte de un proceso de selección para una importante empresa del sector de la automoción, de la cual no diré el nombre para no apuntar a ninguna estrella.
Debo decir que el proceso se ha realizado en base a una oferta publicada en un portal de búsqueda de empleo, tratando de no dar visualización a la empresa ofertante, con el fin de evitar fisgones y oportunistas, y no dando signos de salarios, para no despertar ansias económicas.
La oferta explicaba el trabajo a realizar y los requisitos a cumplir y, tal y como entendí, mi candidatura cubría dichos requerimientos; además, y para ser sincero, me pareció un proyecto tremendamente interesante, aún sin saber las contraprestaciones que conllevaría dicha labor.
De un gran número de candidaturas, más de veinte, más de cincuenta y más, incluso, de ciento cincuenta, la primera criba, la curricular, determinó que mi perfil, así como el de otros cinco postulantes, entrara a formar parte de la criba presencial, definida en dos entrevistas con la parte directiva de la empresa.
Hasta aquí todo parecía bonito, casi diría idílico e, incluso, utópico, sin embargo, mi sorpresa llegó el día de la primera entrevista, hoy hace diez días.
Llamaremos "Sr.Javier" a mi entrevistador, él conoce su nombre y yo no voy a olvidarlo, y diremos solamente una cosa sobre su forma de ser: antes de sentarse en la silla de su oficina, después de indicarme mi asiento, me ofreció algo de beber.
¿Acaso no os ha sorprendido?, ¿cuándo fue la última vez que os trataron con tanta cortesía? A mí me entraron más ganas de formar parte de un proyecto en el que las personas somos personas.
Al despedirse, después de hablar largo rato de mi experiencia y de la suya, me explicó que alguien me llamaría para pasar a la entrevista con el máximo responsable, que estaba de vacaciones, pero se reincorporaba en una semana.
Un apretón de manos cerró una entrevista redonda, al menos eso es lo que puedo deciros de la labor de este gran profesional.
Tranquilo, aunque expectante, permití que el paso de los días acercase la fecha en la que debía recibir un telefonazo para concertar la segunda reunión.
Ayer recibí una llamada, la que me daba la cita de la segunda entrevista, con el Sr. Luis, para el día siguiente. La hora me la dejaron poner a mí, por la mañana, a las 10:00.
Hoy he acudido con 3 minutos de adelanto, lo suficiente para preguntar por él y no llegar tarde a su oficina.
El mismo Sr. Luis me ha atendido y me ha pedido que le diese esos dos minutos, del margen en el que habíamos acordado vernos, para finalizar unas gestiones. Con exquisita puntualidad, concluyó en el tiempo solicitado y me vino a buscar para llevarme al lugar de la entrevista: su oficina.
Una broma perfectamente acertada, para romper el hielo, me dijo más de él que un simple apretón.
Bromeó haciendo referencia directa a uno de mis escritos del blog, uno en el que aludía a la falta de puntualidad de un directivo de una empresa, en otro proceso de selección, y su nota de humor fue decirme que no quería hacerme perder los ocho minutos que aquel gerente me hizo esperar, en una sala a oscuras.
Lejos de ocultarlo, el responsable de esta empresa, haciendo las labores de captación, me confirmó que había dedicado parte de su tiempo a investigar sobre los candidatos; no se limitó a ojear u hojear los perfiles o los currículos de sus posibles nuevas incorporaciones, hizo una verdadera labor de profundización, algo que, desde mi perspectiva, lejos de intimidarme, me dio una tremenda sensación de respeto y seguridad y, como no podía ser de otro modo, me hizo apreciar aún más a la empresa representada en este proceso.
De la entrevista he salido igual que entré, cómodo y tranquilo, no por creer que el puesto va a ser mío, sino por entender que quien logre entrar en este gran equipo, magníficamente reflejado en estas dos personas, lo hará por tener un interior pleno, no sólo una trayectoria acertada.
Creo que decir las cosas malas es fácil, decir las buenas parece no ser tan interesante; a pesar de todo, circunstancias como las que he relatado merecen la pena airear, incluso con nombre y apellido, sin embargo, no quiero ser yo quien apunte al cielo y re descubra una constelación llena de brillantes estrellas, así que sólo haré cierta referencia a una de ellas, capaz de crear equipos que funcionan tanto en tierra, como en aire, como en agua, y esto se debe, tal vez, a que, según dicen, esa es la esencia en la creación de sus motores y, por tanto, su seña de identidad.
Gracias, Sr. Javier y Sr. Luis, por una experiencia distinta y por un trato inmejorable.
Debo decir que el proceso se ha realizado en base a una oferta publicada en un portal de búsqueda de empleo, tratando de no dar visualización a la empresa ofertante, con el fin de evitar fisgones y oportunistas, y no dando signos de salarios, para no despertar ansias económicas.
La oferta explicaba el trabajo a realizar y los requisitos a cumplir y, tal y como entendí, mi candidatura cubría dichos requerimientos; además, y para ser sincero, me pareció un proyecto tremendamente interesante, aún sin saber las contraprestaciones que conllevaría dicha labor.
De un gran número de candidaturas, más de veinte, más de cincuenta y más, incluso, de ciento cincuenta, la primera criba, la curricular, determinó que mi perfil, así como el de otros cinco postulantes, entrara a formar parte de la criba presencial, definida en dos entrevistas con la parte directiva de la empresa.
Hasta aquí todo parecía bonito, casi diría idílico e, incluso, utópico, sin embargo, mi sorpresa llegó el día de la primera entrevista, hoy hace diez días.
Llamaremos "Sr.Javier" a mi entrevistador, él conoce su nombre y yo no voy a olvidarlo, y diremos solamente una cosa sobre su forma de ser: antes de sentarse en la silla de su oficina, después de indicarme mi asiento, me ofreció algo de beber.
¿Acaso no os ha sorprendido?, ¿cuándo fue la última vez que os trataron con tanta cortesía? A mí me entraron más ganas de formar parte de un proyecto en el que las personas somos personas.
Al despedirse, después de hablar largo rato de mi experiencia y de la suya, me explicó que alguien me llamaría para pasar a la entrevista con el máximo responsable, que estaba de vacaciones, pero se reincorporaba en una semana.
Un apretón de manos cerró una entrevista redonda, al menos eso es lo que puedo deciros de la labor de este gran profesional.
Tranquilo, aunque expectante, permití que el paso de los días acercase la fecha en la que debía recibir un telefonazo para concertar la segunda reunión.
Ayer recibí una llamada, la que me daba la cita de la segunda entrevista, con el Sr. Luis, para el día siguiente. La hora me la dejaron poner a mí, por la mañana, a las 10:00.
Hoy he acudido con 3 minutos de adelanto, lo suficiente para preguntar por él y no llegar tarde a su oficina.
El mismo Sr. Luis me ha atendido y me ha pedido que le diese esos dos minutos, del margen en el que habíamos acordado vernos, para finalizar unas gestiones. Con exquisita puntualidad, concluyó en el tiempo solicitado y me vino a buscar para llevarme al lugar de la entrevista: su oficina.
Una broma perfectamente acertada, para romper el hielo, me dijo más de él que un simple apretón.
Bromeó haciendo referencia directa a uno de mis escritos del blog, uno en el que aludía a la falta de puntualidad de un directivo de una empresa, en otro proceso de selección, y su nota de humor fue decirme que no quería hacerme perder los ocho minutos que aquel gerente me hizo esperar, en una sala a oscuras.
Lejos de ocultarlo, el responsable de esta empresa, haciendo las labores de captación, me confirmó que había dedicado parte de su tiempo a investigar sobre los candidatos; no se limitó a ojear u hojear los perfiles o los currículos de sus posibles nuevas incorporaciones, hizo una verdadera labor de profundización, algo que, desde mi perspectiva, lejos de intimidarme, me dio una tremenda sensación de respeto y seguridad y, como no podía ser de otro modo, me hizo apreciar aún más a la empresa representada en este proceso.
De la entrevista he salido igual que entré, cómodo y tranquilo, no por creer que el puesto va a ser mío, sino por entender que quien logre entrar en este gran equipo, magníficamente reflejado en estas dos personas, lo hará por tener un interior pleno, no sólo una trayectoria acertada.
Creo que decir las cosas malas es fácil, decir las buenas parece no ser tan interesante; a pesar de todo, circunstancias como las que he relatado merecen la pena airear, incluso con nombre y apellido, sin embargo, no quiero ser yo quien apunte al cielo y re descubra una constelación llena de brillantes estrellas, así que sólo haré cierta referencia a una de ellas, capaz de crear equipos que funcionan tanto en tierra, como en aire, como en agua, y esto se debe, tal vez, a que, según dicen, esa es la esencia en la creación de sus motores y, por tanto, su seña de identidad.
Gracias, Sr. Javier y Sr. Luis, por una experiencia distinta y por un trato inmejorable.
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