martes, 24 de abril de 2018

Vacío


Como sombra de cristal,
en tus pies desatendida,
esquivando tu mirar
pisas sin ver mis heridas.

Nada queda, queda nada,
tiempo o espacio sin dolor,
nada sino la distancia misma
que siempre hubo entre tú y yo.

Como tiza en la pared
con un beso de mentira
que se vuelve tinta ahogada
bajo la lluvia de abril.

Nada queda, queda nada,
ni recuerdos ni rencor,
nada sino huecos en la almohada
y el silencio que hay aquí.

Como pompa de jabón
que ha explotado con la brisa,
nada queda, ya no queda,
y tu olor se fue con prisa.

Como un eco del ayer
que se muere cada día,
nada queda, ya no queda,
se acabaron las mentiras.

Como barco de papel
que se pierde a la deriva,
nada queda, ya no queda,
ni perdón ni despedidas.

Como niño sin hogar,
sin abrazos ni caricias,
así ya no queda nada,
queda un alma ya sin vida.

martes, 17 de abril de 2018

Dos barajas

Con una carta empezó,
esta historia entre tú y yo,
con un as de corazones al final de una escalera.

Una espada se cruzó,
as de bastos y dolor
y en las noches sólo copas, sólo gritos, sólo pena.

Son tus picas mi condena,
son tus rombos mi prisión,
son tus oros los puñales que me clavas a traición.

Tres palabras de perdón,
dos "lo siento" y un adiós,
así es como muere todo porque duele cuando pegas.

Con una carta empezó,
con una nota acabó,
con tu cárcel y mis flores que en la lápida se secan.

Cuando menos te lo esperas,
llega el rayo, el trueno suena,
platos rotos por mi cuerpo y morados sobre el suelo.

Son tus puños mi tristeza,
son tus brazos mi lamento,
son tus ojos dos puñales que me sangran con rencor.

Fue el alcohol que te cambió,
ese líquido veneno
que tus puños incendió con la sangre de mi pena.

¡Cuánto grito, cuánto llanto!...
…¡tanto llanto, tanto miedo!...
…¡tanto, tanto y qué dolor! ¡Tanto tonto, tanto, tanto!

Con una carta empezó,
con una nota se acaba,
con tu cárcel y las flores que sobre mi tumba vuelan.

sábado, 17 de diciembre de 2016

¿Y tú me preguntas?

Si callo, escuchas,
si hablo, ayudas.
Me haces decir más,
me vienes y me das,
me escribes versos en los dedos,
me llenas de tinta
sin saberlo,
me describes, me recubres,
me escondes y descubres,
me despistas, me seduces,
me lloras en la negrura
y, como a Bécquer,
¿me preguntas?
Me vistes
de vida entera,
escapas
entre espacios y letras,
y cuando huyes, muero,
pero cuando apareces...
...bueno...
siempre retornas
con tu alegría,
respirando esencias
de despedida,
y, la muerte,
hasta de vivir se olvida.
Si callo, escuchas,
si hablo, ayudas.
Me haces decir más,
me vienes y me das,
eres alma en la palabra,
eres viento entre las ramas,
eres sexo, amor,
eres ternura, eres pasión.
Eres tú
quien me exige aún ser más,
quien dice sin pronunciar,
quien recoge mis suspiros
y, cuando mis miedos vencieron,
aguantaste mi pluma
y libraste mis luchas.
Eres la rabia que me condena
y el tesón que me conduce,
eres los pasos del camino
y la ventana en mi presidio.
Eres tú, ¿y aún preguntas?

Dolido

Hoy duele tenerte en mis ojos
y no en mis manos,
tenerte en mi mente
y no en mis labios,
tenerte en mi alma
y no en mi espacio.
Hoy duele sentir
que te has marchado
aunque sólo estás
a un par de pasos.

viernes, 11 de noviembre de 2016

No más.

Ya no queda más llanto a esos ojos tiernos,
ya no cuenta las bombas con sus deditos,
ya no llama a su madre cuando no hay sueño,
ya no tiene ni hambre, ni frío, ni miedo.

Y, los hombres de paz, mandan infiernos,
hablando de guerra como de cuentos,
se cierran carteras, se firman secretos
acuerdos de armas que borren recuerdos.

Ya no hay juegos de niños, solo hay escombros,
ya no hay luz en su cara, solo hay escombros,
ya no hay risa en su voz, solo hay escombros,
ya no hay vida en su cuerpo, solo hay escombros.

El sustituto.

Hoy he sentido el dulce cosquilleo de tus dedos, deslizándose, con deliciosa cautela, sobre cada milímetro de mi piel.

No recuerdo cuándo estuvimos juntos por última vez, pero no olvido el dulce olor de tu cuerpo, el calor de tu respiración sobre mi, ni el color de las sabanas bajo la tímida luz de la extraña lámpara de tu mesita.

Es cierto que, a pesar de coincidir varias veces al día, no habías vuelto a prestarme atención desde aquella noche en que diste por concluida nuestra relación, apartándome de ti sin explicaciones, sin un motivo real, solo porque creíste que yo le había puesto un final a aquella historia. ¿Acaso crees que, después de tantas noches, entregado a ti en cuerpo y alma, podía desear que lo nuestro terminase?

Hoy has vuelto a fijarte en mí, me has rozado, me has acariciado, me has vuelto a desear y me has llevado a tu cuarto, a pesar de todo y a pesar de todos.

¿Tan poco significó lo nuestro para ti que, ahora, sin el menor aprecio, me has tirado al suelo y me utilizas para calzar la mesita en la que reposa la lámpara junto con un nuevo libro?

Cada día

Hoy
he escuchado tu voz en el silencio,
he saboreado tus besos en la brisa
y he disfrutado tu esencia en el tiempo.
Hoy,
instante efímero y eterno,
minúsculo, ingente e infinito,
he vuelto a vivir en el olvido
para no perder allí ningún recuerdo.