domingo, 26 de octubre de 2014

La vergüenza

Me acerco y anoto sus nombres en una libreta.
La fría habitación está llena de los cadáveres de un accidente, causado por un conductor borracho que se estrelló contra un autobús.
Busco al culpable para los sucesos del diario local en un mar de pies, hasta que doy con un nombre que me arranca el lápiz de la mano. Tembloroso, recojo el lápiz y me incorporo y miro la sábana bajo la que se oculta el rostro de la vergüenza.
Me acerco y retiro el sudario. Alguien me está mirando desde arriba, anotando mi nombre en una libreta.

Comienza bien el día

Bicho gafoso de mierda, estúpido animal transmisor de desgracias, por tu culpa cambié de dirección bruscamente y pasé bajo la escalera de un técnico electricista al que se le cayó un destornillador.
Quizás la negrura inquietante de tu alma me hubiese cubierto con su peligroso manto funerario y ahora fuese tarde para cualquier rectificación de mi destino, sin embargo, un salto ágil me desplazó, en el tiempo, lo justo para escapar de la guadaña, con la desgracia de tropezar, en mi hégira, con un retrovisor que reventó en mil pedazos al caer al suelo.
Menos mal que hoy pisé una buena mierda.

Solsticio de verano

Ni subido a una escalera conseguiría besarte, tan altivo, tan dominante, tan seguro de ti mismo, y con la lujuria hirviendo en cada partícula de tu ser.
Apenas soy tu siervo, recostado sobre el mundo, y tú que me devoras carne y alma, que me condenas a tu devoción inquebrantable, que me rindo a tus pies y a tus caricias en un juego al que sólo sabes ganar, mientras duermo, mientras vivo o mientras musito alguna canción que escuché en la radio, tumbado sobre la toalla. A veces me haces daño, pero hoy, hoy me desnudo ante ti para que calmes un invierno demasiado largo.

Una noche sin destino

Recuerdo el ayer, el primer día, recuerdo el parque y que creímos oír una canción de Whitney, que tiritaba de frío y tú de miedo, recuerdo el abrazo y lo demás. Pero hoy nada es lo mismo, nada queda de aquella verdad, hoy todo es mentira, traición y descuido, hoy soy la persona más culpable del universo, y, sin embargo, hoy he recuperado mi escudo de mentiras, debí dejarlo anoche sobre el trapo y, al secar las dos copas, cayó.
Mientras recoge el anillo, mira el reloj y respira, aun llegará a tiempo, al aeropuerto, a buscarte.

Arañando el sueño

Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, advierto una rendija entre los azulejos por la que se ha vertido una porción infinita de mi tiempo.
El encargado grita, con su habitual gesto de superioridad, para que limpie los restos de lo que debía ser un pedido que ya iba retrasado.
Por primera vez, en toda mi vida, le ignoro y me inclino para buscar esos años que se han perdido. Noto un soplo de aire cálido bajo el suelo. Araño los bordes de cerámica y siento cómo empiezo a fundirme por la punta de los dedos. Tomo aire, frunzo el ceño y limpio la pizza del suelo.

sábado, 25 de octubre de 2014

De aquello

Una palabra y,
entre la verdad dicha,
la burla de un destino que no muere
y siempre acaba en mi camino.

Una mirada y,
la fugaz sal que comprime,
cristal líquido y reproches,
desgarra y mata.

Una caricia y,
la pasión y el sentido
que entre los dedos se pierde,
un roce que no abrasa.

Ya ni los silencios se callan,
ni las miradas
se reúnen en futuros intangibles,
ni las manos se abrazan
al pasado,
ni nada.

domingo, 19 de octubre de 2014

Todo es nada

Hoy he de poner 
mi vida en tu retina y dejar 
que la imaginación nazca de nuevo;
he de poner el sol 
de nuestra parte 
y voltear el cielo hasta que llore 
estrellas en la noche; 
he de soltar 
la brisa del oeste 
para traer susurros de otros mares 
y besos emigrantes.
Hoy he de hacer 
todo eso y lo que falte 
y, aún así, 
sabedor de la distancia que ya existe, 
lo haré 
mientras la muerte no me alcance.